La magia de conversar
Pregunta. ¿Cómo afecta esta pandemia a su conversación consigo mismo?
Respuesta.
Estamos obsesionados por el miedo y, sin duda, nuestra idea de libertad
ha cambiado. En el pasado creíamos que la libertad significaba tener un
gobierno que le diese a todo el mundo un voto y aprobase leyes para
todos. Pero ahora vemos que la libertad más importante es la del miedo.
Por tanto, es muy difícil encontrar una respuesta que convenga a todos,
porque el mundo ahora está dividido en dos. Por un lado, está la gente
que desea vivir en una fortaleza, que se quiere proteger de los
diferentes, de los pobres, de las enfermedades. Tienen miedo a la
incertidumbre. Y, por otra parte, están quienes viven en un porche
abierto al mar y quieren viajar por el mundo, descubrir culturas,
civilizaciones y personas. Para ellos, estar encerrados en su pequeña
oficina, en su pequeño trabajo, es lo opuesto a la libertad.
P. ¿Qué hacer?
R.
No podemos decir que vayamos a proponer una solución que convenga a
todo el mundo. Hemos de aceptar que mucha gente se aferra a sus
opiniones y quiere volver hacia atrás en la historia para hacer que su
país sea grande otra vez. Lo que ahora tenemos que hacer es ver cómo
podemos hablar con esas personas en lugar de luchar contra ellas. Me he
centrado en desarrollar conversaciones entre personas que no quieren
verse con los de una religión distinta o una situación económica
diferente. Es posible entenderles, aunque no puedas convertirlos;
entenderles para disminuir su miedo. El gran problema de esta época es
que llevamos siglos poniendo toda nuestra energía en la expansión del
conocimiento. Y cuanto más conocimiento hay, más ignorancia se observa,
porque no se puede saber todo. Por tanto, nos hemos especializado más, y
como estamos más especializados entendemos menos cosas. Vivimos en un
pequeño agujero, en una pequeña burbuja de conocimiento.
P. Curioso mundo que avanza retrocediendo…
R.
Anteriormente pensábamos en que una manera de avanzar era que
tuviéramos un gobierno que nos dijese qué hacer. Ahora lo importante es
que cada persona descubra a otras, y lo hemos empezado a hacer,
lentamente, con el intento de hombres y mujeres de hablar entre ellos.
No lo hemos conseguido del todo, todavía, pero existe una oportunidad
para que las mujeres adopten un enfoque diferente del que han adoptado
hasta ahora. Quieren tener el mismo poder que los hombres; además han de
enseñar a los hombres a obsesionarse menos con el poder sobre los
otros… El gran cambio en el último siglo creo que ha sido alejarse del
deseo de ascender en la escala social, el deseo de convertirse en
directivo a fin de tener poder sobre las personas para defenderse del
temor de ser dominado por otros.
P. Pero eso no quita para que queramos dominar nosotros mismos…
R.
De ahí la importancia de las relaciones personales. Queremos entender,
queremos tener amigos, queremos tener una familia con la que podamos
hablar. Las familias no siempre son armoniosas. Y las familias y los
amigos es lo que más necesitamos para protegernos de los peligros
inevitables del mundo. Cuando dos personas se conocen pueden crear algo;
igual que cuando un hombre y una mujer se conocen crean hijos, cuando
dos personas se encuentran pueden crear ideas distintas de las que
tienen de manera individual. He hecho experimentos juntando a enemigos.
Lo importante es que hablen, y lo harán sobre la vida, sobre sus
relaciones con otras personas, sobre la educación, sobre las diferencias
de sexo, de ricos y de pobres. Pero de la conversación entre ellos
pueden surgir novedades positivas. Ustedes los periodistas pueden llamar
a cualquiera y establecer una conversación. Sin embargo, para la
mayoría de la gente eso no es posible. Todos vivimos en una pequeña
burbuja, tenemos miedo. Los ricos, por ejemplo, tienen miedo de hablar
con los pobres. Lo que creíamos que era verdad en el pasado ya no es
válido… Hemos inventado la agricultura, que puede alimentar a millones
de personas, aunque hemos destruido el suelo. Hemos inventado grandes
ciudades, pero huelen mal. Nuestro sistema educativo ha fracasado. Por
tanto, ¿qué hacemos ahora?
P. Eso es, ¿qué hacemos ahora?
R.
Reinventarnos. La pandemia es un terrible perjuicio, un desastre. Todos
los gobiernos intentan preservar el orden actual, pero el orden actual
no funciona bien. Nos peleamos mucho por lo que queremos. Hay pobreza,
hay desigualdad. Y por esas razones mucha gente sigue sufriendo mucho.
Pensar cosas nuevas es una inspiración. No necesitamos una ideología,
sino experimentos. Tenemos que buscar en todas partes intentos de
resolver los problemas mediante las interacciones personales, como lo
que usted y yo podríamos hacer juntos. Fracasaremos muchas veces. No
podemos garantizar resultados. Pero creo que la esperanza significa eso.
En el pasado tuvimos prosperidad, comodidad, dinero, pero la
prosperidad en realidad significa esperanza. Sin embargo, hoy en día hay
mucha menos esperanza que hace cincuenta años. Los jóvenes ya no creen
que serán mejores que sus mayores, por lo que necesitan más atención.
Esta es una época terrible, la disminución del contacto entre la gente
ha sido muy dolorosa y nos ha ayudado a darnos cuenta de lo importante
que es hablar con la otra persona, no a través de Skype o Zoom sino cara
a cara. Y veo que el odio ha sido un gran enemigo; tenemos que
reflexionar sobre por qué existe el deseo de querer que el prójimo
fracase.
P. El poder es otro de los fracasos…
R.
El poder para eliminar el desacuerdo, y eso es imposible. En todas las
naciones hay partidos extremistas que se niegan a relacionarse con los
demás, así que desarrollan dictaduras dirigidas por minorías. Resultó
trágico que en 1932 Hitler se convirtiera en canciller porque obtuvo el
37% de los votos. Es un verdadero problema.
P. Usted dice que la conversación genera energía contra el fracaso…
R.
¿Cómo puede el temor convertirse en valentía? A través de la
curiosidad. Toda la historia de la ciencia se reduce a analizar objetos
que parecen peligrosos, reducirlos a partes pequeñas y analizar esas
piezas. Luego esas piezas minúsculas se vuelven interesantes. La manera
de alcanzar la valentía es reducir los peligros a piezas pequeñas.
Tenemos que usar más el conocimiento para ver esas partes minúsculas y
así ayudar a los otros. Hacer que las cosas sean posibles, no
conformarse con la desesperación y, por culpa de ello, terminar
considerando inevitable que nos gobiernen dictadores…
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